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Boletín 3 Antropología en México


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La antropología es la ciencia que estudia al hombre en el sentido más amplio, pues combina el enfoque biológico, social y cultural, en el presente y en el pasado. Se divide en dos grandes ramas: la antropología física, que se enfoca a su evolución a través del tiempo y su adaptación al medio ambiente, y la antropología cultural, que dedica su atención a su comportamiento y desarrollo de acuerdo con formas de vida comunes dentro de un grupo social o comunidad. En sentido estricto la arqueología también es una rama de la antropología, porque es el estudio de la cultura de sociedades del pasado a través de sus vestigios materiales.

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Dentro de las ramas de la antropología cultural están la arqueología, que investiga sobre los restos materiales de tiempos remotos y que permiten reconstruir el modo de vida del hombre; la lingüística, que busca los orígenes, su estructura y desarrollo del lenguaje para reconstruir las lenguas; y la etnología, que profundiza sobre las semejanzas y diferencias entre las diversas culturas. El origen, el desarrollo y la naturaleza del Hombre y su cultura, son los principales intereses de la antropología, comparando tiempos remotos y actuales, fijando su atención en las sociedades, desde las más pequeñas como tribus, aldeas o minorías locales, hasta las más cosmopolitas.

LA ANTROPOLOGÍA EN MÉXICO
Durante la etapa de transición entre el Imperio de Maximiliano de Habsburgo y el gobierno liberal de Juárez, México estaba viviendo las invasiones extranjeras, la pérdida de territorios y el saqueo arqueológico; sin embargo, Maximiliano expidió algunas disposiciones para evitar el saqueo arqueológico de la región maya y dio al Museo Mexicano el Palacio de Moneda, institución que después de la invasión norteamericana en 1847 recibió el nombre de Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia.

Establecida la República juarista, este organismo recibió apoyo del gobierno y nombres como los de Manuel Orozco y Berra, Alfredo Chavero, Vicente Riva Palacio, Joaquín García Icazbalceta, Ignacio Manuel Altamirano, José María Vigil, Antonio García Cubas, entre otros, alzaban su voz en favor del patrimonio cultural nacional.

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Mientras que en el mundo se comenzaban las excavaciones e investigaciones en Pompeya, Olimpia y Troya, en 1887 en México el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, principal organismo de investigación antropológica y de conservación de los monumentos muebles e inmuebles prehispánicos, emprendía trabajos en Monte Albán, Xochicalco y Teotihuacán. En 1906, y debido al festejo del primer centenario de la Independencia que consagraba la personalidad de Porfirio Díaz, se impulsaron las excavaciones de Teotihuacan y la reconstrucción de la Pirámide del Sol.

Justo Sierra aprovechó el momento para reorganizar y engrandecer el Museo Nacional, en el que trabajaron ilustres investigadores mexicanos como Francisco del Paso y Troncoso, Cecilio Agustín Robelo, Jesús Galindo y Villa, Antonio Peñafiel, Manuel Martínez Gracida y Andrés Molina Enríquez, así como extranjeros que contribuyeron a la investigación arqueológica mexicana, entre ellos Eduardo Seler, Ernest Fosterman, Alfred Mausdlay y William Holmes.

La enseñanza de la antropología se dirigía hacia tres áreas: la antropología física, la antropología social y/o cultural y la arqueología.

En 1917 Manuel Gamio concibió la creación de la Dirección de Estudios Arqueológicos y Etnográficos, llamada posteriormente Dirección de Antropología, que sustituyó a la Antigua Inspección y Conservación de Monumentos Arqueológicos de la entonces Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. Así, surgió la Escuela mexicana de antropología aplicada, con los objetivos de lograr la unificación cultural y el equilibrio económico de todos los sectores de la población como medio para construir la nacionalidad y la patria.

Según Manuel Gamio y Franz Boas, la unidad de la ciencia antropológica, para formar el conocimiento cabal del hombre, se basa en el estudio biológico, arqueológico, lingüístico, etnográfico, histórico y sociológico, con ellos se tendrá una apreciación exacta de la humanidad y de sus relaciones con el ambiente físico.

LA LEGISLACIÓN DEL PATRIMONIO NACIONAL MEXICANO
En cuanto a la legislación, la primera ley del liberalismo fue el Decreto del 19 de octubre de 1833, le siguió el plan de Ayutla y luego las leyes de 1855 y 1856, que culminaron con la de Desamortización de los bienes eclesiásticos en 1856. La Constitución del 5 de febrero de 1857 implantó reformas que buscaban proteger el patrimonio cultural, una noción previa a las declaratorias de patrimonio nacional, y que afectaron el derecho del propietario, cuyo poder era absoluto y comprendía todo lo que estuviese encima de la superficie, en ésta o debajo de ella (propiedad vertical), lo cual fue trascendental para nuestra antropología y arqueología, porque implicaba que el dueño de la superficie podía alegar derechos sobre los objetos arqueológicos enterrados en su propiedad.

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*La primera ley protectora de monumentos fue la del 3 de junio de 1896, que reglamentó los permisos del Ejecutivo Federal para que los particulares efectuaran exploraciones arqueológicas, estableciendo que los objetos que se encontraran, aun en sitios de propiedad privada, eran propiedad del gobierno nacional. La idea de esta ley había surgido desde 1862 en la Sociedad de Geografía y Estadística. En 1897 el Lic. Ignacio L. Vallarta estableció la Ley sobre monumentos arqueológicos y antigüedades mexicanas, que declaraba propiedad de la nación todos los monumentos arqueológicos: “las ruinas de ciudades, las casas grandes, las habitaciones trogloditas, las fortificaciones, los palacios, templos, pirámides, rocas esculpidas o con inscripciones y, en general, todos los edificios que bajo cualquier aspecto sean interesantes para el estudio de la civilización e historia de los antiguos pobladores de México”.

INDIGENISMO, HISPANISMO, CRIOLLISMO O MEXICANISMO
En la última parte del siglo XIX la tesis indigenista expresó el rechazo al conquistador español, mientras que la hispanista sólo contemplaba la cultura mexicana a partir de la implantación de los valores españoles. Entonces se unieron el pasado indio y el colonial, como los dos lados de una moneda, conformando una nueva patria, pero no para todos, porque numerosos indígenas habían quedado marginados y oprimidos. Sin embargo, recuerda el Dr. Hernán Salas, que en la época que gobernaba Díaz, crece la idea de que el indio bueno es el indio invisible, es el indio remoto en el tiempo; y la idea de glorificar al indígena con fines nacionalistas se refiere a los indios del pasado. En vísperas de la Revolución, Andrés Molina Enríquez decía: “la noción de la patria es un concepto que todos creen tener y que pocos, muy pocos, son capaces de definir”.

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Justo Sierra en su Historia general identificó a la patria con el altar y el hogar: “la patria responde a la misma fuerza formatriz que tiende a dar cohesión a los organismos, se manifiesta en la evolución de la familia y alcanza las sociedades de elevado desarrollo, como producto de su unidad de origen, condiciones de vida, actividades e ideales. Patria no es sinónimo de raza, pueblo, sociedad o Estado, es el resultado moral que expresa la relación entre la vida de una comunidad humana y la ocupación de un territorio. Es el lugar donde se nace, pero también la fuerza interior y exterior del conjunto social, que sólo se logra cuando todos los grupos tienen unidad de ideal y de hogar”.

Andrés Molina Enríquez pensaba que los criollos sí buscaban un ideal común, pero su patria no era la mexicana, pues a pesar de que aquí nacieron y vivían, siempre se orientaban al extranjero. Por otra parte, los mestizos, que sí tienen unidad de origen, religión, tipo, lengua, deseos, propósitos y aspiraciones, jamás pensaron en someter a la patria a una nación extranjera, antes bien, el ideal al que se debe defender se adquiere “unificando costumbres, lengua, estado evolutivo, deseos, propósitos, aspiraciones, origen y religión”.

***Julio César Olivé Negrete, Antropología mexicana, Plaza y Valdés Editores, 2000, p. 118.

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