Una de las principales referencias del mundo del Egipto de los faraones, el denominado Libro de los muertos, ha pasado de ser considerado un texto unitario a entenderse como un conjunto de composiciones rituales independientes y variables, que probablemente no fueron creadas al mismo tiempo.
Investigaciones recientes sugieren que el término fue acuñado en 1842 por un egiptólogo alemán, quien, al intentar presentar estos textos con cierta coherencia para el público occidental, los catalogó como “libro”, término que, en opinión de los filólogos contemporáneos, resulta impreciso.