El coloquio El agua como patrimonio en México: desde la época prehispánica hasta nuestros días, tema de alta relevancia en el mundo contemporáneo, inició ayer, 17 de febrero. La directora de Adabi de México, Verónica Loera y Chávez Castro, dirigió unas palabras de bienvenida a los ponentes y asistentes virtuales, en las que subrayó la importancia del agua para la vida a través de los siglos desde tres dimensiones: natural, cultural y social. Afirmó que es un “eje estructurador de la historia humana”, ya que no es posible pensar a los mayas sin el Usumacinta, a los olmecas sin el Grijalva o a la ciudad de Tenochtitlán sin sus sistemas hidráulicos. El reto de la “bancarrota hídrica”, señalado por la Organización de las Naciones Unidas, es un problema que debe estudiarse desde una perspectiva multidisciplinaria, a fin de actuar de manera conjunta para “cuidar aquello que no nos pertenece”.
Acto seguido se llevó a cabo la presentación de la primera mesa, denominada La lucha histórica por el agua, en la que Juanita Rosas García, adscrita al Poder Judicial del Estado de México, presentó la ponencia “Denuncio, goce y posesión de un líquido vital. Pleito de los naturales de San Luis de las Peras contra la hacienda de Taxhimayé (1779)”. En ella expuso el conflicto entre el pueblo otomí de San Luis de las Peras —hoy en el Estado de México— y la hacienda de Taxhimayé por la falta de agua. Las fuentes documentales que registran este pleito contienen diversas ilustraciones que dan cuenta de los reclamos de ambas partes. De manera irónica, durante el siglo XX se construyó la presa de San Luis Taxhimay, que, además de combinar el nombre del poblado y la hacienda, inundó por completo San Luis de las Peras, transformando radicalmente el paisaje original; sus vestigios pueden observarse en épocas de sequía, cuando desciende el nivel del agua.
En segundo término se presentó la ponencia “El Hospital Santa Cruz en Oaxtepec y los alcances territoriales por el uso de agua (siglo XVIII)”, de Martha Julieta García García, de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Se destacó la trayectoria del hospital fundado por la Hermandad de San Hipólito en Oaxtepec, hoy en el estado de Morelos, el cual formó parte de una red de 17 nosocomios ubicados en cruces estratégicos de caminos. Durante su funcionamiento en el llamado “cerro de los guajes”, la institución se sostuvo mediante trapiches, una estancia de ganado menor y cultivos de caña de azúcar, miel y maíz. Los mapas novohispanos ubican al hospital en una zona de aguas curativas, y su territorio estuvo en disputa desde un inicio con el Marquesado del Valle. El abasto de agua se realizaba mediante un acueducto del cual aún existen registros fotográficos.
Por su parte, David Ricardo Martínez Romero, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), presentó “Una gota en el desierto. Disputas y crisis por el empleo del agua y su escasez en la América septentrional durante los siglos XVII y XVIII”. Explicó el proceso de poblamiento en zonas del desierto de Chihuahua, donde inicialmente los huachichiles obtenían el agua, y posteriormente, con la colonización, surgieron asentamientos como Venado y Hedionda, integrados por tlaxcaltecas, tarascos, población afrodescendiente y los propios huachichiles. Estas comunidades se establecieron en torno a ojos de agua que incluso delimitaban barrios. Las fuentes documentales, incluidos mapas, evidencian disputas por el uso del recurso y crisis de abastecimiento, particularmente en Venado, lo que provocó el traslado de familias en el siglo XVIII. También se abordó el caso de la hacienda de Matehuala, fundada cerca de un ojo de agua, cuya actividad se prolongó hasta el siglo XX. Las tensiones aumentaron debido al tránsito de ganado trashumante entre Querétaro y el Nuevo Reino de León, que llegó a movilizar hasta un millón de ovejas en 1715, con el consecuente impacto en el consumo de agua.
Para cerrar la primera jornada, el investigador de la Universidad de Arizona, Michael M. Brescia, presentó “Agua y el patrimonio jurídico transnacional de México colonial en los Estados Unidos: conflictos y malentendidos a través de la frontera norte desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad”. En su intervención abordó la complejidad legal que enfrentaron los habitantes de los territorios que pasaron a manos de Estados Unidos, tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo y la Venta de la Mesilla (1854). Explicó que, desde el final del virreinato y durante el México independiente, gran parte de la legislación se mantuvo, lo que generó incertidumbre sobre la continuidad de los derechos de uso y posesión del agua y la tierra. La jurisprudencia colonial reconocía distintos tipos de propiedad: imperfecta, vinculada a ríos y arroyos; perfecta, relativa al agua subterránea, y usufructuaria, asociada a ejidos y montes. La preocupación por las aguas superficiales fue mayor que por las subterráneas, y tanto individuos como corporaciones debían presentar documentación para acreditar sus derechos. En este contexto, los historiadores que hoy fungen como peritos desempeñan un papel clave al colaborar con traductores, jueces y archivistas para interpretar la realidad novohispana en el ámbito jurídico contemporáneo.